Ella le quería.
No había mariposas batiendo sus alas
era un tornado,
seguido de una tempestad sin calma.
Y estaba tan preocupada por sus vientos internos
que se cegó y no vio lo correcto.
Se hicieron felices durante años que pasan como meses que pasan como días.
Un día se dio cuenta.
El camino que habían recorrido era fácil de caminar,
porque lo hicieron juntos,
uno al lado del otro,
unidos por las manos, el amor y el alma.
Pero, el camino se estaba empezando a separar y no iban por el mismo.
No fue de golpe.
Fue tan lento y sutil que no pudo verlo hasta que la mano que sujetaba la suya,
tiraba tan fuerte como si le quisiera arrancar el brazo.
Ella sabía que si seguía así iba a salir herida.
Pero, también sabía que, si le soltaba, nunca se lo perdonaría.
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