Vaya por dios, hoy hemos empezado las clases. Vaya por dios, profesores nuevos. Vaya por dios, cada año están más locos. El problema es que aún no sé en qué clase de locura se encuentra su mente. Habrá que ir descubriendo, poco a poco, si sigo las clases o si me uno a ellos poniéndome un gran sombrero en la cabeza y sirviendo té a todas horas mientras observo orugas parlanchinas, y cazo conejos con relojes caros. Porque si Alicia persiguiera al dichoso animalillo, hoy día con la crisis, sería para robarle el reloj y venderlo en un compro oro. ¡Bueno, bonito y barato! Pero vamos, que me voy del tema, me encuentro en una situación desconcertante, muy muy desconcertante, de esas que te dan ganas de ponerle la montura al caballo y salir corriendo gritando: ¡CORRE COMO EL VIENTO PERDIGÓN! Pero no, de momento me pongo el pijama y me acuesto, con un poco de suerte recuerdo lo que he soñado y mañana os torturo con mis pajas mentales.
Buenas noches mis queridos lectores. Nos leemos.