Cuando pienso en algo en concreto esa idea me lleva a otra y esa otra a una tercera y la tercera a una cuarta y así sigue el círculo hasta que pienso, ¿cómo he llegado a este pensamiento?
La mente divaga, por muchos y diferentes caminos, cada uno con diferente final. Y no es algo que me extrañe, es algo que, simplemente, me fascina. Porque al pensar en ese pequeño cachorro de perro que vi el otro día paseando por las decoradas calles de la ciudad acabo en un cruce de pensamientos e ideas que, algunas he de admitir, me sorprenden ser mías. Finalmente acabo rememorando esa vez que odie tanto a alguien por su mera manera de existir en este mundo que ya era suficientemente inaguantable antes de su nacimiento. ¡Qué maravilla!
Es entonces cuando caigo en la cuenta de que un inocente recuerdo que destaparía la más inmensa ternura en cualquier persona que se considere ser humano, puede acabar en una serie de terribles ideas como el gran deseo de desaparición de alguien para hacer nuestra vida, simplemente, más llevadera. Porque, seamos claros, ser persona es muy fácil, sólo hay que nacer de otra persona. Pero, ser un ser humano. Eso ya es otra historia. Incluso complicada. Porque no hay historia más complicada que el vivir.
Ser un ser humano tiene implícito una gran variedad de cosas. Ser una persona se basa en las características pero, el ser humano, tanto de forma global como de forma particular, es algo enorme, tanto como es el universo que lleve cada uno dentro, porque principalmente es SER. Y, ¿qué puedes ser? Pues infinidad de cosas que puedes elegir e infinidad de cosas que puedes no elegir o, incluso, infinidad de cosas puedes elegir no ser. La verdadera maravilla está en descubrirlo. Puede que sean pensamientos e ideales existencialistas, puede que sí pero, yo elegí esta manera de pensar y si bien odio a las personas que ven la vida con mil colores, adoro a la gente que aún sabiendo o viendo el mundo gris no se niegan la posibilidad de elegir. ¿Qué es el ser humano sin la posibilidad de elegir que puede ser o que puede no ser? Pues, para mí, la respuesta es sencilla: una persona. Y es que personas hay tantas en el mundo y seres humanos tan pocos.
Da igual si eliges ser un ser humano con ideales a un obrero que obedece a su patrón; da igual si eliges trabajar en una ONG o en el ejército; da igual si eliges ser bueno con el mundo o destruirlo como el qué más. Lo importante es elegir y tener un camino interior que te lleve cada día a descubrir cosas sublimes o no sobre ti mismo.
Y, sinceramente, si sólo pudiera elegir una vez en mi vida, una sola, elegiría pensar por mí misma. Esa creo que siempre será la mejor elección que podamos tomar.
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