domingo, 17 de noviembre de 2013

No quiero que brille el sol.

El sol está de vacaciones,
las calles se ponen tristes porque el sol está de vacaciones.
El alma, mi alma, se vuelve alegre dentro de la triste nostalgia de esas calles,
abandonadas al espíritu de las gentes que las transitan.

Las calles están tristes,
pero, lo triste es que a mí me maraville esa pena y ese dolor,
el sentimiento que deben sentir las fachadas cuando no hay sol,
ni luz ni lumbre que las haga brillar en las calles.

¡Qué poco lucen sin el sol! Ya no se pavonean.
Pues por mí que sigan así, porque, querido sol, cuando sales,
cuando sales, yo soy el reflejo de la tristeza de esas calles.


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