Ese profundo odio que despiertan en mí las personas optimistas no podré remediarlo. Ni quiero.
¿Son más felices aquellos que por pura estupidez son capaces de encontrar en la vida colores que no hay? Y esa lastimosa manera en que el color se vuelve gris cuando despiertan del embobamiento que les produce su arco iris particular, cuando se encuentra de cara con ese color tan amargo como el café más puro. ¿Qué hay de esas pobres gentes que poco a poco van viendo desaparecer esos maravillosos colores que creían no poder ver desaparecer nunca? A mí, particularmente, me producen lástima. Pero, a fin de cuentas, no tienen más que lo que el mundo es, por fin una visión despierta de la descarada vida que no es más que película de esas que comenzaron a grabarse, las llamadas en "Blanco y Negro". Pues así veo yo la vida, tiene cosas buenas y puras al igual que cosas malas y manchadas. Así que no veo mejor manera de denominarla, GRIS.
Pero, tranquilos amigos optimistas, pensad, siempre pensad, antes de echaros las manos a la cabeza, el gris también es un color.
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