Perdemos aquello que tenemos, es sencillo. La pregunta es, ¿sólo cuenta aquello que tuvimos? Pensadlo, ¿no tenemos la misma sensación cuando no conseguimos tener algo? ¿Qué sensación es esa? Lo he sentido antes, lo sé. ¡Ah, sí! La ausencia. La terrible ausencia. ¿Cuántas veces habremos oído "lo valoras cuando lo has perdido y no cuando lo has tenido"? Cientos de veces, miles, millones. El problema no es haberlo valorado o no, el valor que le demos a las cosas o a las personas es sólo uno de los motivos por el que podemos perderlo. Lo que duele es el vacío que nos deja. Esa sensación de ausencia, un agujero que no lleva a ninguna parte, pero nos atraviesa el corazón y lo llevamos en silencio junto con la falta de aire al respirar, junto con la melancolía, junto con la soledad. Y es, por esa horrible sensación, por la que nos negamos a perder cualquier cosa, cualquier persona. Da igual si es un bolígrafo, da igual si es un peluche, una goma del pelo, una camiseta vieja. Y lo triste es que da igual lo que hagamos, es imposible controlar todo, absolutamente todo, lo que nos rodea sin perder algo. Siempre le prestaremos más atención a algo que creemos que la merece más, y cuando perdemos lo que descuidamos, entonces decimos "lo valoro ahora que lo he perdido y no cuando lo he tenido".
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