Buenas tardes de domingo queridos camaradas. Estos días no he escrito por mi habitual falta de tiempo, no. Esta vez tengo justificante del médico. Sí. Mala, mala, mala he estado estos días. Con mocos, tos, dolor de cabeza, más mocos, más tos y más mocos... Y es que no hay forma digna de ir por la vida cuando uno está en esas condiciones. No. Tampoco hay forma digna de sonarse los mocos en medio de una clase y que no te miren los compañeros que más cerca están con cara de <<me lo va a pegar>> , como si a una le gustara estar con las fosas nasales más tapadas que una monja de clausura, pues obviamente no. Y la gente que se comporta como si tuvieras la lepra pero, vamos, bastante tiene una con andar por ahí a las ocho de la mañana con treinta y ocho de fiebre intentando coger apuntes. Bueno, "apuntes", que eso parece más una competición de a ver que frase está peor escrita y es más ininteligible. Que me río yo de la letra de los médicos ( "pero si tú usas ordenador portátil", pues imagínate como iba yo a clase). Lo que más me asombró de mi semana de convalecencia fue mi rapidez para hacer tareas tan sencillas como prepararme el vaso de leche por las mañanas. Cojo la taza, la pongo en la encimera, cojo la leche, la vierto en la taza, cojo la leche la meto al microondas, cojo la taza la meto a la nevera... ¡Ay! Algo falla en la ecuación... ¿Qué será?... Pues, ¿qué va a fallar? Yo, que parezco gilipollas. En fin, que ha sido una semana muy larga. Espero tener un ratito mañana. Nos leemos.
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